La Santa Compañía

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       La Santa Compañía es una procesión de muertos o almas en pena que salen a partir de las 12 de la noche a recorrer algún camino. Se dice que visitan todas las casas en las que prontamente habrá alguna muerte.

 

La Santa Compañía

      Aunque los testigos suelen dar testimonios con pequeñas diferencias, hay algunos rasgos comunes a la mayoría de las apariciones de estos seres del más allá:

     Las almas en pena suelen conducirse en dos hileras, envueltas en sudarios, con las manos frías y los pies descalzos y la procesión normalmente va encabezada por un ser vivo que porta una cruz y un caldero con agua bendita. cada fantasma lleva una débil luz pero ellos son practicamente invisibles,. un olor a cera y un viento ligero demuestra que vienen siguiendo al que dirige la marcha.

     El portador de la cruz no puede ne ningún momento volver la vista atrás ni renunciar a su puesto al frente de la procesión, solo si consigue a otro mortal que lo sustituye podrá salirse, sino debe continuar junto a estas almas malditas. La Santa Compañía obliga al primer mortal que encuentren a acompañarlos toda la noche pero esta persona no recordará nada de la procesión al día siguiente, la gente suele reconocer cuando alguien ha sido obligado a  marchar por la palidez cadavérica y la delgadez exagerada con la que quedan las personas.

       Este grupo de almas perdidas avisa de su llegada a tavés del fuerte olor a cera y, desde luego, del espanto que sienten los animales ante semejantes seres. Su presencia en este mundo se debe a que vienen reclamando el alma de alguien que morirá pronto.

Santa Compañía

“font-size: small;”>El Caso De Sofía Pérez

      En el municipio pontevedrés de Budiño existe uno de los casos más conocidos de aparición de La Santa Compañía.

Sofía R.Pérez es un ama de casa de 42 años, madre de cuatro hijos, conocida y respetada por todos los vecinos del pueblo. A pesar del tiempo transcurrido desde su experiencia, Sofía la recuerda perfectamente:

     «Yo tenía ocho años comenta cuando ocurrió. Mi madre y yo habíamos salido para visitar a una amiga y bajábamos por el camino de detrás de la casa, cerca del cementerio.

     No era muy tarde, pero como era invierno ya era de noche. Fue justo al llegar al cruce. Yo oí un ruido de pasos muy grande, como si se acercase mucha gente. Le pregunté a mamá si lo oía y dijo que sí. Entonces vimos que bajaba por la carretera una procesión, como de un entierro. Eran muchos, no sé el número, pero todos vestían igual. Llevaban una especie de túnicas negras que les cubrían todo el cuerpo, con una capucha también negra. Pasaron muy cerca de nosotros.

     Nos quedamos paralizadas. Yo era muy pequeña y no entendía muy bien qué era aquello, pero mi madre estaba aterrorizada, me apretaba muy fuerte contra ella, diciéndome que no hiciera ruido. Y cual fue nuestra sorpresa que al final de la fila de «La Santa Compañía», vimos a una mujer; ¡A una vecina nuestra!.

     Era la «Tía Preciosa», una vecina que vivía unas casas más arriba de la nuestra. Yo la reconocí por su forma de andar, porque tenía un defecto en las piernas y luego la vimos muy claramente. Llevaba como un palo en la mano y una especie de «piedra» como un mármol pero muy, muy brillante. Pasó a nuestro lado en silencio «como un ánima». Y se fue detrás de La Santa Compañía.

      No nos dio tiempo de preguntarle que hacía allí. Cuatro días después de pasar esto,” tía Preciosa” moría. Estaba en la cocina y un rayo entró por la chimenea y la mató. Yo creo que aquello fue un aviso… todos avisamos antes de morir…».

Víctima de la Santa Compañía

En caso de encontrarse con La Santa Compañía es recomendable:

 

  • Apartarse de su camino, no mirarles y hacer como que no se les ve.
  • Hacer un círculo con la estrella de Salomón o una cruz dentro y entrar en él.
  • Rezar y no escuchar su voz
  • Llevar encima escapularios, objetos sagrados, ajos o castañas de indias.

En último caso uno puede tirarse al suelo boca abajo y esperar que La Santa Compañía no le pase por encima. 

 

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